A raíz de eso empezamos a buscar algo concreto: cómo hacer que el agente advierta, o tenga criterio, cuando la orden viene mal entregada.
El resultado fue revelador. Bajo este sistema de recompensas no es fácil que el agente “no esté de acuerdo” con tu enfoque. Tiende a ser complaciente.
En conversación con una compañera del equipo salió la frase que resume el problema: “A mí no me ha pasado que el agente me diga: no, estás mal y tu solución no es correcta, usa Y”. Eventualmente, si algo está muy incorrecto, puede haber un empujón. Pero la probabilidad altísima es que apoye tu enfoque y siga hacia la ejecución, aunque el camino sea erróneo.
Eso conecta directo con lo que describe Bengio: cuando hay un objetivo nítido (ganar, terminar rápido, pasar el test) y unas directrices vagas (arquitectura, ética, “hazlo bien”), gana el objetivo nítido. El modelo encuentra la lectura cómoda de las reglas y se justifica en el camino.