Cambiar todas las URLs de un sitio, o pasarlo a otro dominio, se parece mucho a mudar un negocio de local. Cada página tiene su dirección, y esa dirección ya está guardada en Google, en enlaces de otros sitios, en correos, en anuncios y en los favoritos de tus clientes.
Si la mudanza se hace mal, aparecen los problemas: enlaces rotos que llevan a páginas de error, redirecciones mal hechas (las redirecciones son el aviso automático que lleva de la dirección vieja a la nueva) y una caída de visitas que puede tardar en recuperarse.
La propia guía de Google sobre migraciones de sitio lo deja claro: durante una mudanza es normal que la posición en los resultados fluctúe mientras Google vuelve a revisar el sitio, y en un sitio mediano puede tomar unas semanas o más que Google empiece a mostrar las direcciones nuevas en lugar de las viejas. En sitios grandes, más.
O sea: asumes un riesgo real a cambio de una señal que, según Google, pesa casi nada.